Photo by Marta Vargas

When I was little my father used to say I was going to be the artist of the family. I don't really know where he got it from since I wasn't good at anything remotely artsy. But at some point in middle school, I decided to embrace his idea and I began to write. It was then when I discovered how articulating my thoughts and transforming them into words moved me. No feeling could compare to the rush I got when I finished a piece.

By the time I was in my mid-teens and the usual burning questions everyone has at that age came to mind -Why did I came here? What is my purpose in life?-, my uber-rational self took the lead. The answer, as you can imagine, was far from whimsical. No destiny/karma stuff for me, thanks. I did what I was supposed to do. I went to college, and I graduated in Economics and Business Administration.

Sounds good right? Well, it wasn't. I didn’t feel happy. Adjectives like helpless, clueless or discouraged would be more accurate to describe my feelings at the time. Something was missing.

The good news is that I knew what it was. I just wasn’t listening to that small voice in the back of my head that was telling me what I really wanted to do. Instead, I was trying to conceal my needs struggling to fit into a system that I didn't even trust.

When I finally accepted that, I made the decision of letting my true self be. Do not fret, I am still figuring myself out. In the meantime, I am keeping this site to reflect my writing work. 

Cuando era pequeña mi padre solía decir que yo sería la artista de la familia. Lo cierto es que no sé de donde sacó esa idea porque nunca fui particularmente buena en nada que tuviera que ver con el arte. Sin embargo, cuando tenía unos doce años, decidí indagar en aquella sospecha suya y empecé a escribir. Fue entonces cuando descubrí que articular ideas y transformarlas en palabras me conmovía y que ninguna sensación podía compararse con aquella. 

Más tarde, en plena adolescencia, cuando las típicas preguntas cruciales que todo el mundo se plantea llegaron -¿Qué he venido a hacer aquí? ¿Cuál es mi propósito en la vida?,- mi ser ultra-racional tomó las riendas. La respuesta, como os podéis imaginar, estaba lejos de salirse de lo esperado. Nada de cuentos del destino/karma, gracias. Hice lo que se suponía que tenía que hacer. Fui a la universidad y me gradué en economía. 

Todo bien hasta aquí, ¿verdad? Bueno, pues no. Aquello no me hacía feliz. Palabras como indefensión, despiste o desaliento describen mejor mis sentimientos en aquel momento. Algo fallaba. 

Lo bueno es que sabía qué era. Simplemente no estaba escuchando a esa voz que dentro de mi cabeza me decía lo que realmente quería hacer. Al contrario, trataba de disimular mis deseos esforzándome por encajar en un sistema en el que ni siquiera creía. 

Cuando finalmente me di cuenta de aquello tomé la decisión de dejarme llevar. En esas estoy todavía. Mientras tanto, esta web pretende ser un reflejo de mi trabajo como escritora.